viernes, 13 de marzo de 2009

La iconografía de Santa Lucía


Teresa Jiménez Velásquez


En esta pieza observamos tres indicios que pudieran ser de importancia para aclarar quién es la figura representada en la obra. Ellos son: el halo en la cabeza de la joven, la palma en su mano y los ojos colocados en la bandeja. Para empezar, el halo, llamado también aureola o nimbo, de forma circular es muy frecuente, y según el Diccionario de iconografía y simbología de Federico Revilla servía en su origen para indicar “la identidad divina, recordando su procedencia lunar” (2007:431). En el contexto cristiano señala que “es el propio de los santos, ya que el círculo simboliza perfección” (431). Este autor lo describe como una “irradiación visible, por lo general de la cabeza de los personajes representados” (68). Aclara que puede ser considerado una “corona inmaterial”. Es un premio que se recibe en la gloria por los méritos espirituales alcanzados. Debemos señalar también que la presencia de una diadema en la cabeza de esta joven mujer, refuerza la idea expuesta hasta acá. En tal sentido, la diadema o “corona siempre es expresión de dignidad, de poder, de santidad o de una situación excepcionalmente festiva” (Becker, 1996:89). Así, podemos establecer que nos encontramos frente a la imagen de una santa.

La presencia de una palma en la mano derecha de esta joven, es fundamental. Dicho elemento fue un símbolo tradicional de victoria militar entre los romanos, esto se debía a sus características de elasticidad y resistencia. También fue símbolo de fecundidad, lo que implicó, a su vez, cualidades de regeneración e inmortalidad. Según James Hall en su Diccionario de temas y símbolos artísticos, fue adoptada por la Iglesia primitiva como “símbolo del cristiano sobre la muerte” (2003:147). Aparece remplazando los instrumentos del martirio. En este sentido, la presencia de la palma en las representaciones se refiere a un atributo, que permite identificar a los mártires cristianos que han “obtenido la suprema victoria y con ella la vida eterna” (Pérez Rioja, 2004:334). En la Edad Media también se la asociaba a la castidad.

En el caso de los ojos existen diversas explicaciones a su simbolismo. En términos generales se les asocia a “la visión intelectual, el conocimiento y la penetración profunda” (Revilla, 2007:445). Sin embargo, esto no ayuda mucho a nuestro propósito. En el libro Signs and symbols in Christian art, de George Ferguson (p. 47), ubicamos una explicación más ajustada. Allí se indica que un par de ojos, colocados frecuentemente sobre un plato, son los atributos de santa Lucía de Siracusa (Italia).

Para James Hall, estamos en presencia de una figura histórica cuya representación en el arte tiene sus bases en la leyenda (70-71). Este personaje murió cerca del año 304 d. C. y, según versiones de la historia, su madre Eutiquia, noble dama, fue curada milagrosamente por santa Ágata (también conocida como Santa Águeda) en una peregrinación a la tumba de dicha justa. A este respecto, se suele utilizar una lámpara como otro de los atributos de santa Lucía. Este objeto haría referencia a una visión, que tuvo Lucía, de santa Ágata, en la que ésta se le apareció y le dijo “Lucía, ese arte en verdad es una luz” (Ferguson 1961:177). Ferguson indica que en dicha visión Santa Ágata le expresó a Lucía que su madre sería curada, pero que ella misma sufriría el martirio (130).

En referencia a la curación de su progenitora, es un hecho que sirvió de inspiración para que Lucía distribuyera sus riquezas entre los pobres, como acto de agradecimiento. Quizás, esta situación nos permita explicar los dos personajes que aparecen casi desnudos, al fondo de nuestra obra. Ellos pudieran ser la representación de los desposeídos, con quienes esta santa repartió su fortuna. Dicha circunstancia molestó al prometido pagano de Lucía, quien la acusó de ser cristiana ante el magistrado Pascasio (Hall, 2003:71).

La santa se negó a abjurar de su creencia y “fue condenada a permanecer en el prostíbulo” (Réau, 1997:267). Así, se le ordenó a los soldados que la arrastraran para llevarla al burdel, pero no pudieron moverla. La ataron a una yunta de cuatro bueyes para obligarla a ir a su destino, pero se mantuvo firme y fue imposible desplazarla de donde estaba plantada. Louis Réau explica que: “El cónsul pidió ayuda a los magos. Lucía fue asperjada con orina hirviente, que se consideraba apta para destruir los maleficios. Los verdugos le echaron plomo fundido en las orejas, le arrancaron los dientes y los pechos. Se levantó una hoguera a su alrededor; pero las llamas la respetaron, y para acabar con ella debieron cortarle el cuello” (268).
Esta última idea aparece reflejada en el cuello del personaje femenino; allí se puede observar una pequeña herida que, en este caso, se define como otro de los atributos de la santa. Acerca de la presencia de los ojos en el cuadro, existen varias explicaciones. Una de ellas, leyenda tardía, señala que la misma Lucía se arrancó los ojos al perder la paciencia con su prometido, quien no dejaba de alabar la belleza de los mismos. Posteriormente, “la Santísima Virgen le habría hecho nacer otros ojos aún más bellos” (Réau, 268).

Para Rosa Giorgi, en Saints in Art, la leyenda de santa Lucía deriva de la conexión de su nombre con la palabra luz (230). Esto habría estimulado la imaginación popular para la invención de formas de tortura asociadas a ellos. Esto ayudó en la configuración del atributo de esta santa en el arte. Réau precisa que los ojos “que le servían de atributos no eran los suyos, sino, por decirlo así, eran armas parlantes. Se trata de un despropósito iconográfico que ha engendrado la leyenda de los ojos arrancados” (268).

Finalmente, según Cañizales Méndez (2007), las representaciones de santa Lucía en la región andina, específicamente en el pueblo de Mucuchíes, buscaba la continuidad de ciertos pensamientos religiosos prehispánicos. En su trabajo Ojos del Creador, Hijos de Santa Lucía: La presencia iconográfica de Santa Lucía como continuidad del pensamiento religioso Prehispánico MUCU (MUPQU) en la región merideña, expresa que dicha imagen servía para representar “un modelo sagrado del mundo relacionado con el origen los hombres tal como lo había concebido el pensamiento indígena prehispánico de dichas comunidades andinas.”


Bibliografía citada:
Becker, U. (1996), Enciclopedia de los símbolos, Barcelona, Ediciones Robinbook.
Cañizales Méndez, F. (2007) Ojos del creador, hijos de Santa Lucía: la presencia iconográfica de Santa Lucía como continuidad del pensamiento religioso prehispánico MUCU (MUPQU) en la región merideña,en Procesos Históricos No. 11, Mérida, Universidad de Los Andes.
Ferguson, G. (1961), Signs and Symbols in Christian Art, Oxford, Oxford University Press.
Giorgi, R.,(2003), Saints in Art, Los Angeles, Getty Publications.
Hall, J. (2003), Diccionario de temas y símbolos artísticos, Madrid, Alianza.
Pérez-Rioja, J. A.(2004), Diccionario de símbolos y mitos, Madrid, Tecnos.
Réau, L. (1997), Iconografía del arte cristiano. Iconografía de los santos. Barcelona, Ediciones del Serbal.
Revilla, F. (2007), Diccionario de iconografía y simbología, Madrid, Cátedra.

Autor: Teresa Jiménez Velásquez
Edición: Janeth Rodríguez

Fotografía: Anónimo venezolano, Santa Lucía, sin fecha. Museo Diocesano de Coro.

2 comentarios:

la-tiza dijo...

Muy interesante el articulo, bien documentado.
Permite entender aspectos diferentes en la obra, una vez leido.

Janeth Rodríguez dijo...

Gracias por tu visita y por tu comentario.