miércoles, 9 de mayo de 2007

Pieza del mes: Ecce Homo de las carmelitas

La comunidad de monjas carmelitas descalzas de Caracas posee un hermoso Ecce Homo de procedencia española, elaborado en madera estofada y policromada, con un tamaño de 57 cm de alto aproximadamente. La pieza formó parte del convento de monjas carmelitas descalzas de Santa Teresa de Jesús, fundado en Caracas en 1725 y clausurado en 1874 durante el gobierno de Antonio Guzmán Blanco.


El Ecce Homo permaneció custodiado por la familia Rodríguez Ceballos, parientes de la religiosa María Teresa Victoria de Jesús (en el mundo conocida como Guadalupe Rodríguez Díaz), exclaustrada en 1874. Gracias a las gestiones de Alberto Rodríguez Díaz, familiar de sor María Teresa, contamos con una serie de documentos que respaldan la procedencia de la pieza.
Su origen se remonta hacia el año 1752, cuando se hace referencia al traslado de la imagen en un documento que actualmente reposa en el Archivo General de Indias (España). En ese año el capitán Martín Felipe de Landaeta solicita autorización para trasladar un Santo Rostro a Caracas, en el navío Nuestra Señora del Choro. El caraqueño Landaeta residía en Cádiz, pero a causa de una herencia que debía cobrar realizaba frecuentes viajes hacia su ciudad natal. Para realizar la travesía a Caracas, Landaeta debía solicitar permiso, por lo que quedó registrado el traslado de la pieza. La escultura era una copia de una imagen que se venera en la catedral de Jaén, por lo que no debe extrañarnos que a este Ecce Homo se le haya conocido también bajo el título de Santo Rostro, tema particularmente apreciado en ese templo español, en el que reposa como preciada reliquia un paño con el cual se cree que la legendaria Verónica habría limpiado el rostro del Redentor.
Al revisar el inventario elaborado durante la visita pastoral del obispo Mariano Martí en 1772, se menciona un "Santo Ecce Homo el Santo Rostro" en el convento de monjas carmelitas, lo que nos hace creer que la obra trasladada por Landaeta llegó a su destino.
Tras la exclaustración en 1874, sor María Teresa partió rumbo a un convento de carmelitas descalzas en Bruselas (Bélgica), encargando a su hermana Dolores Rodríguez Díaz el cuidado de la imagen que había traido consigo del monasterio. Ésta obsequió la pieza a su hermano Henrique con motivo de su matrimonio con Rosalía Ceballos en 1877. Así la imagen pasó a manos de sus descendientes, quienes finalmente el 27 de febrero de 1998 iniciaron gestiones para regresarla a la comunidad de monjas carmelitas, con la condición de que allí se le rindiera la veneración correspondiente.
El artista esculpió la figura de Jesús a partir del torso, omitiendo los brazos del personaje. La pieza representa un momento muy específico de la Pasión de Cristo. Jesús viste una túnica azul, cuyo borde superior ha sido ornamentada con una franja de intenso dorado. Sobre la túnica observamos el manto rojo, colocado sobre el cuerpo del Redentor tras ser flagelado, mientras sus torturadores se burlaban hincándose de rodillas ante él, llamándole "rey de los judíos" (Mt, 27:28-29). En el Evangelio según San Juan se narra que después de la flagelación, Jesús ataviado con la capa roja y portando una corona de espinas, es conducido por Pilatos ante el pueblo. Éste expresó: "Mirad os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él" (Jn, 19:4) y agregó: "¡He aquí el hombre!" (Jn, 19:5), pronunciando así la frase que da título a esta representación de Cristo.
El tema del Ecce Homo posee una larga tradición en la historia del arte. Desde el Renacimiento se representó en numerosas ocasiones, como escena narrativa incluyendo a personajes como Pilatos, los guardias y la multitud; o como imagen devocional, representando únicamente la figura de Cristo. La presencia en la pieza escultórica de una cuerda dorada y atada en un nudo rodeando el cuello de Cristo, reafirma el episodio de la flagelación, ya que se trataría de la cuerda con la cual el personaje fue atado a la columna.
El delicado rostro, surcado por gotas de sangre que pueden apreciarse inclusive en el cuello, presenta una barba corta negra. La boca entreabierta transmite la fatiga del personaje representado, quien parece hacer un gran esfuerzo por tomar aire. Enfatiza esta sensación la mirada baja de Cristo, cuyos ojos brillantes fueron realizados en vidrio, bordeados por gruesas pestañas de pelo natural, probablemente de origen animal, todo esto enmarcado por una larga cabellera negra. Completa la sensación de pesar, el gesto de la cabeza ligeramente inclinada hacia la derecha, gesto que evidencia además el dolor producido por la corona de espinas. La corona está pintada de verde. Como atributo final el artista colocó sobre la cabeza del Redentor las tres potencias de metal sobredorado que le identifican como Hijo de Dios.
La pieza transmite naturalismo, destancando el trabajo de los pronunciados pliegues de la vestimenta, la textura otorgada a la barba y al cabello. El busto reposa en una vitrina de madera y vidrio.

Agradecemos a la comunidad de carmelitas descalzas de Caracas la posibilidad de fotografiar y estudiar esta hermosa pieza.

Textos y Fotografía: Vanessa Balsells Delgado
Edición: Janeth Rodríguez

Bibliografía: Vanessa Balsells Delgado, Aproximación histórica al patrimonio pictórico y escultórico del convento de Santa Teresa de Jesús de carmelitas descalzas de Caracas (1725-1874). Caracas, Universidad Central de Venezuela, Escuela de Artes, 2003.

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