sábado, 26 de mayo de 2007

Nuestra Señora de los Remedios

En la iglesia de Nuestra Señora de Altagracia (Caracas) se conserva una imagen de vestir que representa a la Virgen de los Remedios, portando el Niño Jesús en sus brazos. La historia de esta pieza se remonta a 1772, cuando el obispo Mariano Martí visitó el templo caraqueño y menciona la existencia de un altar dedicado a esta imagen. Según sus palabras se trataba de "una imagen de Nuestra Señora, de cuerpo entero de talla, con un Niño Jesús en los brazos..." En otro inventario de 1777 encontramos una descripción semejante: "un nicho grande pintado de varios colores dentro del cual se halla dicha imagen, el Santísimo Niño, de bulto ambas. Y también la referida imagen tiene la corona y rastrillo de plata sobredorada".





Según documentos de 1926 la imagen había sido encomendada tres años antes al cuidado de la familia Acevedo, debido a reparaciones emprendidas en las capillas laterales del templo. No se conoce la fecha exacta en la cual la imagen regresó a la iglesia.





La pieza mide aproximadamente 1.68 cm. Es una imagen de farol para ser vestida, por lo cual bajo sus ropas se encuentra un armazón de madera en forma triangular. La imagen fue restaurada hace un par de años perdiendo con ello la policromía original. Un pequeño cartel a los pies de la imagen señala que "probablemente estuvo en la iglesia de la Santísima Trinidad (hoy Panteón Nacional). Semidestruida fue restaurada por Oscar Padrón y Sara de Padrón". Pero consideramos que esta información es poco probable, ya que no hemos encontrado ningún documento que certifique el traslado de una Virgen de los Remedios procedente de la iglesia de la Santísima Trinidad. Por lo cual podríamos seguir considerando que esta pieza es la referida por el obispo Martí en 1772, la cual estaba acompañada por "dos ángeles de bulto de una vara de alto", hoy perdidos.



Addenda: Uno de nuestros leales lectores nos ha señalado acertadamente que la imagen del Niño Jesús sigue el prototipo de las piezas producidas en serie en los talleres de imaginería españoles desde finales del siglo XIX. Muy posiblemente se trata de una figura que sustituye a la pieza original.



Texto y Fotografías: Verónica Leyba
Edición: Janeth Rodríguez


Fuente: Verónica Leyba, Estudio histórico del patrimonio escultórico y pictórico colonial de la iglesia de Nuestra Señora de Altagracia de Caracas. Caracas, UCV, Facultad de Humanidades y Educación, Escuela de Artes, 2004.

sábado, 19 de mayo de 2007

Iglesia de Santa Ana del Norte

La iglesia de Santa Ana del Norte (Estado Nueva Esparta) se comenzó a construir en 1748. Con anterioridad a este templo existía en la zona una ermita, que se volvió pequeña para atender las necesidades de españoles, criollos y guaiqueríes. La iglesia se concluyó a expensas de los vecinos veinte años después, en bahareque, mampostería y techo de tejas con una torre. Así se mantuvo hasta 1912 cuando se le hicieron algunas modificaciones internas. Para 1930 se acometen otros trabajos, como la sustitución de los horcones de madera que sostenían el techo de la nave central por dos hileras de columnas de mampostería con sus respectivos arcos y capiteles dóricos. También se cambió el suelo de ladrillos por uno de cemento, perdiéndose con ello la ubicación exacta de las losas sepulcrales. Para el 5 de marzo de 1957 se declaró Monumento Histórico Nacional, en virtud de que en este templo en 1816, fue reconocido el Libertador Simón Bolívar como Jefe Supremo de la República y de sus Ejércitos. Para 1962 se interviene nuevamente la iglesia con la intención de aproximarla a su aspecto original, por ello se eliminaron algunos de los cambios anteriores.
En la iglesia de Santa Ana del Norte se conservan algunas piezas coloniales, como por ejemplo: la imagen de Santa Ana, patrona de la iglesia; una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe de Extremadura, una Virgen del Rosario en terracota, un San Miguel Arcángel, un San José, un cuadro de las Benditas Ánimas del Purgatorio fechado en 1784, un cuadro de la Virgen del Rosario con Santo Domingo y Santa Catalina de Siena, un cuadro de la Virgen del Carmen, una imagen de Nuestra Señora de los Dolores, un Niño Jesús con su sillita de madera dorada, un cuadro de Nuestra Señora de Altagracia, y varias piezas de platería y ebanistería.

Gracias a la colaboración de Dominique Vogler publicamos estas fotos tomadas durante el 2006, cuando la iglesia se encontraba en remodelación, por lo cual algunas de sus imágenes se custodiaban en las casas vecinas. Esperamos recibir nuevas fotos de nuestros colaboradores.

Texto: Janeth Rodríguez

Fotos: Dominique Vogler

miércoles, 9 de mayo de 2007

Pieza del mes: Ecce Homo de las carmelitas

La comunidad de monjas carmelitas descalzas de Caracas posee un hermoso Ecce Homo de procedencia española, elaborado en madera estofada y policromada, con un tamaño de 57 cm de alto aproximadamente. La pieza formó parte del convento de monjas carmelitas descalzas de Santa Teresa de Jesús, fundado en Caracas en 1725 y clausurado en 1874 durante el gobierno de Antonio Guzmán Blanco.


El Ecce Homo permaneció custodiado por la familia Rodríguez Ceballos, parientes de la religiosa María Teresa Victoria de Jesús (en el mundo conocida como Guadalupe Rodríguez Díaz), exclaustrada en 1874. Gracias a las gestiones de Alberto Rodríguez Díaz, familiar de sor María Teresa, contamos con una serie de documentos que respaldan la procedencia de la pieza.
Su origen se remonta hacia el año 1752, cuando se hace referencia al traslado de la imagen en un documento que actualmente reposa en el Archivo General de Indias (España). En ese año el capitán Martín Felipe de Landaeta solicita autorización para trasladar un Santo Rostro a Caracas, en el navío Nuestra Señora del Choro. El caraqueño Landaeta residía en Cádiz, pero a causa de una herencia que debía cobrar realizaba frecuentes viajes hacia su ciudad natal. Para realizar la travesía a Caracas, Landaeta debía solicitar permiso, por lo que quedó registrado el traslado de la pieza. La escultura era una copia de una imagen que se venera en la catedral de Jaén, por lo que no debe extrañarnos que a este Ecce Homo se le haya conocido también bajo el título de Santo Rostro, tema particularmente apreciado en ese templo español, en el que reposa como preciada reliquia un paño con el cual se cree que la legendaria Verónica habría limpiado el rostro del Redentor.
Al revisar el inventario elaborado durante la visita pastoral del obispo Mariano Martí en 1772, se menciona un "Santo Ecce Homo el Santo Rostro" en el convento de monjas carmelitas, lo que nos hace creer que la obra trasladada por Landaeta llegó a su destino.
Tras la exclaustración en 1874, sor María Teresa partió rumbo a un convento de carmelitas descalzas en Bruselas (Bélgica), encargando a su hermana Dolores Rodríguez Díaz el cuidado de la imagen que había traido consigo del monasterio. Ésta obsequió la pieza a su hermano Henrique con motivo de su matrimonio con Rosalía Ceballos en 1877. Así la imagen pasó a manos de sus descendientes, quienes finalmente el 27 de febrero de 1998 iniciaron gestiones para regresarla a la comunidad de monjas carmelitas, con la condición de que allí se le rindiera la veneración correspondiente.
El artista esculpió la figura de Jesús a partir del torso, omitiendo los brazos del personaje. La pieza representa un momento muy específico de la Pasión de Cristo. Jesús viste una túnica azul, cuyo borde superior ha sido ornamentada con una franja de intenso dorado. Sobre la túnica observamos el manto rojo, colocado sobre el cuerpo del Redentor tras ser flagelado, mientras sus torturadores se burlaban hincándose de rodillas ante él, llamándole "rey de los judíos" (Mt, 27:28-29). En el Evangelio según San Juan se narra que después de la flagelación, Jesús ataviado con la capa roja y portando una corona de espinas, es conducido por Pilatos ante el pueblo. Éste expresó: "Mirad os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él" (Jn, 19:4) y agregó: "¡He aquí el hombre!" (Jn, 19:5), pronunciando así la frase que da título a esta representación de Cristo.
El tema del Ecce Homo posee una larga tradición en la historia del arte. Desde el Renacimiento se representó en numerosas ocasiones, como escena narrativa incluyendo a personajes como Pilatos, los guardias y la multitud; o como imagen devocional, representando únicamente la figura de Cristo. La presencia en la pieza escultórica de una cuerda dorada y atada en un nudo rodeando el cuello de Cristo, reafirma el episodio de la flagelación, ya que se trataría de la cuerda con la cual el personaje fue atado a la columna.
El delicado rostro, surcado por gotas de sangre que pueden apreciarse inclusive en el cuello, presenta una barba corta negra. La boca entreabierta transmite la fatiga del personaje representado, quien parece hacer un gran esfuerzo por tomar aire. Enfatiza esta sensación la mirada baja de Cristo, cuyos ojos brillantes fueron realizados en vidrio, bordeados por gruesas pestañas de pelo natural, probablemente de origen animal, todo esto enmarcado por una larga cabellera negra. Completa la sensación de pesar, el gesto de la cabeza ligeramente inclinada hacia la derecha, gesto que evidencia además el dolor producido por la corona de espinas. La corona está pintada de verde. Como atributo final el artista colocó sobre la cabeza del Redentor las tres potencias de metal sobredorado que le identifican como Hijo de Dios.
La pieza transmite naturalismo, destancando el trabajo de los pronunciados pliegues de la vestimenta, la textura otorgada a la barba y al cabello. El busto reposa en una vitrina de madera y vidrio.

Agradecemos a la comunidad de carmelitas descalzas de Caracas la posibilidad de fotografiar y estudiar esta hermosa pieza.

Textos y Fotografía: Vanessa Balsells Delgado
Edición: Janeth Rodríguez

Bibliografía: Vanessa Balsells Delgado, Aproximación histórica al patrimonio pictórico y escultórico del convento de Santa Teresa de Jesús de carmelitas descalzas de Caracas (1725-1874). Caracas, Universidad Central de Venezuela, Escuela de Artes, 2003.